En la escuela no faltaba quien me dijera maricón”. Recuerda Aldo que desde el cuarto
año de primaria era molestado por sus compañeros e incluso algunos llegaban a
decir “no se junten con él porque es maricón”.
“No había apoyo de los maestros. Solo decían ‘¡cálmense!’ o ‘no le digan nada’, no
les decían a los compañeros lo que me pasaba o lo que era yo”, asegura Uriel.
El pasado mes de abril se dio a conocer el Informe Nacional sobre Violencia de
Género en la Educación Básica en México, en el que se establece la necesidad de
fomentar la cultura de la inclusión, la aceptación y el respecto a la diferencia ante las
altas cifras de violencia en las escuelas del país.
Tras solicitar información sobre la manera en que la Secretaría de Educación Pública
aborda fenómenos violentos como el bullying, se indicó que la única entidad que
cuenta con un programa específico es el Distrito Federal.
Jacqueline Pardo Semo, directora ejecutiva de Educación Básica de la Secretaría de
Educación del Distrito Federal, en entrevista con este medio explicó que bullying es un
término utilizado para denominar el maltrato e intimidación ocurrida en el contexto
escolar entre compañeros y compañeras.
Este no es un fenómeno nuevo pero se ha visibilizado en los últimos años. Puede ser
físico (golpes), verbal, emocional o psicológico, o el cyberbullying que utiliza el celular
y el Internet y es sólo una forma más de este fenómeno”.
De acuerdo con la funcionaria, tras realizar estudios en escuelas de educación básica
de la ciudad de México, se ha encontrado que el baño y el salón de clases son los
espacios donde más se cometen este tipo de actos. A su vez, la hora del recreo es el
momento en que más agresiones entre alumnos ocurren.
Estos datos, argumenta la funcionaria, motivaron que en abril de 2009 se lanzara la
campaña “Escuela sin violencia” con el objeto de sensibilizar,
atender y prevenir la violencia al interior de las escuelas.
En ella se apela a una cultura de no violencia y de buen trato en la comunidad
educativa con tres líneas de acción: campaña para la sensibilización, la atención
integral a padres de familia y alumnos, y la capacitación al magisterio para afrontar la
situación. Este programa se realizó en 400 escuelas durante el pasado ciclo escolar y
se desarrolla por el momento en otras 400.
“Esta problemática rebasa a los docentes por falta de información”, añade Pardo. La
capacitación que toman comienza con la diferenciación entre violencia y bullying, por
medio de prácticas en las que se puede identificar si en su salón existe o no un
fenómeno de acoso. A los padres y madres también se les capacita de manera
vivencial, “hay que concientizarlos de que el bullying no es que te molesten un día y se
acaba. Se aborda mucho el tema de que escuchen a sus hijos porque el bullying los
lleva (desde) la deserción escolar hasta situaciones de suicidio”.
¿Bullying por homofobia?
Algunos sexólogos, antropólogos y médicos han señalado que existe el bullying por
homofobia en las escuelas mexicanas. Sin embargo, el concepto ha sido puesto en
duda por otros investigadores ante la pregunta de cuándo una persona gay se asume
realmente como tal.
El problema resulta complejo de detectar ya que las víctimas lo niegan para evitar ser
reprendidas por sus padres y maestros porque al exponer la causa del abuso se ven
forzadas a “salir del clóset”.
En torno a esta denominación, Pardo señaló que “no se le debe denominar
propiamente como bullying sino como discriminación”. Descartó también que esté
presente el fenómeno de la homofobia pues lo que se suscita es un “desequilibrio de
fuerzas” en el que la víctima no se defiende de su victimario por sentirse en condición
de vulnerabilidad.
www.ambiente.us MAY | MAYO 2010
Homofobia en escuelas, una realidad cercana*
por Leonardo Bastida Aguilar, Ilustración por Luis Reyes
México DF... El bullying es el acoso constante por parte de uno o varios estudiantes
hacia otro. Puede ser físico o verbal. Este fenómeno se ha registrado desde hace
muchos años al interior de las escuelas en México. Medios electrónicos como el
Internet han visibilizado esta situación. Adolescentes homosexuales (o que son
etiquetados de esa forma) son víctimas regulares de este fenómeno. A pesar de esto,
sólo las autoridades educativas del DF han tomado medidas al respecto.
“Todo empezó cuando mi maestro abuso sexualmente de mí”, señala Juan a Letra S.
Afirma haber sido “tocado” por su maestro de quinto grado de primaria en el Colegio
Cristóbal Colón Lomas Verdes de la ciudad de México. “Después de eso empiezo a
ver que los niños perciben que soy diferente. Yo me sentía sucio, como sin valor y me
empezaron a molestar. Fue una bolita la que empezó y luego todo el salón”, refiere
Juan mientras recuerda con un dejo de tristeza y angustia su pasado escolar.
Actualmente tiene 22 años.
“Puto, puñal, caminas raro”, eran algunos de los improperios que Juan recibía a diario
por parte de sus compañeros. La situación se agravó en sexto grado cuando conoció
a su amigo Andrés. “Son novios, ahí van los
pinches maricones, pinches jotos”, les gritaban durante el
recreo o a la salida del colegio.
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A pesar de esta situación, Juan calló en su casa y continuó los estudios de
secundaria en la misma institución. Y cuando se animó a comentar los incidentes de
los que era víctima al orientador de la escuela, éste le dijo: “Mira cómo te sientas,
mírate, las mujeres se sientan con las piernas cerradas y los hombres con las
piernas abiertas”.
El grado de molestia era tal que dejó de asistir un mes a clases. Su madre le
dejaba a la puerta del colegio y él regresaba a casa. Sus calificaciones bajaron de
manera considerable y perdió el segundo grado de secundaria.
“Muchos recreos de los últimos que pasé en esa escuela fueron como un infierno porque
ya no sabía con quién juntarme”, relata Juan.
“Un día me insultaron enfrente de mi mamá”. Cuenta que éste fue el motivo por el que
abandonó el colegio lasallista e inició por segunda vez el segundo grado de secundaria.
La justificación de los docentes siempre fue que Juan nunca se defendía.
Fuera homofobia de las aulas
“Se tiene que visibilizar la presencia de la comunidad lésbico, gay, bisexual y transexual,
casi todo el mundo conoce a una persona gay. Los niños no tienen problema con esto
sino los adultos, y son ellos quienes les influyen”, declaró la estadunidense Elise Klein,
quien fuera titular de la organización Maestros contra los Prejuicios, durante su última
visita a México, en octubre pasado.
Maestra con muchos años de trabajo en contra de la discriminación en las aulas
escolares, Klein falleció en noviembre. Su trabajo se basaba en la consideración de que
el problema de la discriminación hacia las personas por su identidad sexual inicia en
cada hogar. “Todo empieza con la apatía por parte de la sociedad porque en muchas
ocasiones los padres de familia dicen que al no tener un caso cercano en sus casas,
este tema no es de su interés y no lo tocan”.
En charla con Letra S después de dictar una conferencia en la Suprema Corte de Justicia
de la Nación, la experta advirtió que la situación es preocupante en los Estados Unidos:
“Después del 11 de septiembre de 2001, los gays son el sector más odiado después de
los musulmanes, judíos y afroamericanos”.
Por este motivo, añadió Klein, es necesario capacitar a docentes y padres de familia para
erradicar todos los prejuicios que provocan la discriminación de personas por su raza,
religión, género u orientación sexual.
Mucha gente que rechaza la homosexualidad y la transexualidad “basa su opinión en
contextos religiosos. El tema no es sólo sexo, ni el sexo es lo más importante, se
debe comprender que se trata de una identidad”, afirmó.
Otras realidades
En algunos países ya se han iniciado esfuerzos articulados para combatir el bullying
originado en la homofobia. En la Escuela Media 20 de La Plata, Argentina, se vive un
cambio radical. En 2004, los docentes Silvia Realini y Daniel Gustavo Benavides
iniciaron el proyecto educativo sobre homofobia y orientación sexual con
adolescentes, algunos de los cuales abandonaron sus estudios por ser
discriminados en sus escuelas.
En entrevista con este medio, los profesores explicaron que “el tratamiento de estos
temas y, lo que es más grave, la libre expresión de los deseos y sentimientos de
estas personas, aparecen invisibilizados en las escuelas”. Se piensa que la
orientación sexual es una cuestión privada.
“Creemos que la escuela secundaria no debe esquivar estos temas y se deben
abordar para tratar de construir una sociedad más inclusiva”, explican los
coordinadores del programa que atiende por las noches a chicos y chicas gay en un
barrio ubicado en la “zona roja” de la provincia de Buenos Aires, en el que los
apelativos denigrantes de “puto” y “trolo” son una constante.
Además, han atendido a personas transexuales que no pueden utilizar su nombre
actual y tienen que registrarse con el nombre que aparece en sus documentos
oficiales.
La realidad mexicana
No le pasen el balón a Villavicencio porque parece puto”, gritó una muchacha durante
la clase de educación física en la Escuela Secundaria Técnica No. 58 “Agustín Yañez”,
en la delegación Iztapalapa, al referirse a Aldo Uriel Villavicencio, joven gay de 28 años
y que contaba con 15 al momento del incidente.

Es muy necesario que la gente haga conciencia de que el bullying es una
problemática y que está sucediendo. Siempre la contestación de los padres al niño es
‘defiéndete’ o ‘no seas mariquita, defiéndete’ o ‘si te pegan, pega’, pero no es un
problema de un día sino es un acoso de todo el tiempo”, aseguró la funcionaria.
Uriel y Juan recibían amenazas por parte de sus compañeros de clase de manera
constante. Algunos otros jóvenes decidieron no brindar su testimonio a Letra S por
temor a represalias en sus escuelas. El hostigamiento por parte de sus compañeros
y maestros por ser “diferentes” es constante pero carecen de otras opciones para
continuar sus estudios.
Pasó por mi cabeza matar a mis compañeros pero sólo encontré un abrecartas en
forma de espada. Lo llevé a la escuela pero nunca me atreví a utilizarlo. Yo decía ‘si
me tocan, se los entierro’ pero afortunadamente nunca pasó una agresión física”,
recuerda Juan.
*Publicado en el número 166 del Suplemento Letra S del periódico La Jornada el
jueves 6 de mayo de 2010.
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