contenía el semen, pues así éste “se activaría”.
Ya con un médico más confiable, Ángela e Ivonne vigilaron que el esperma no tuviera
infecciones o defectos genéticos. “Incluso para mí era muy importante el color de la piel, de
los ojos, porque yo de veras esperaba que la o el bebé se pareciera a Ángela”, asegura
Ivonne.
El Centro de Fertilidad Humana en México informó que en 2009, de 20 a 30 por ciento de
las mujeres solteras solicitantes de inseminación artificial eran lesbianas. Alfredo
Góngora, director de esta institución expone: “Sabemos que muchas mujeres que se
someten a inseminación dicen que son solteras, cuando en realidad tienen una pareja
femenina. Esto porque en nuestro país no existe regulación alguna respecto a los
tratamientos de inseminación asistida en el caso de mujeres lesbianas”. Además, acota,
cuando una mujer lesbiana se convierte en madre por inseminación, es reconocida por el
sistema legal con todos los derechos (como madre soltera), pero su pareja no tendrá
ningún derecho formal con respecto al hijo.
El Código Penal del DF y la Ley General de Salud especifican que sólo las mujeres
casadas, con la anuencia de su esposo, así como las solteras mayores de edad y que se
encuentren bien de sus facultades mentales, podrán acceder a la reproducción asistida.
La maternidad biológica lésbica no está contemplada, aunque legalmente no hay recursos
que la impidan.
En busca de un útero
Hasta ahora, la reproducción humana no puede prescindir de los cuerpos de las mujeres.
Por eso, es común encontrar blogs en Internet donde jóvenes de escasos recursos
ofrecen sus vientres para que las parejas gays puedan tener descendencia.
Lo que priva en la subrogación de vientres es la clandestinidad. En 29 estados de la
República esta práctica no está legislada; en San Luis Potosí y Aguascalientes se prohíbe,
y Tabasco es el único que la permite y la regula.
Mario y Antonio contrataron a una mujer para que les engendrara un hijo. Ambos la
www.ambiente.us APRIL | ABRIL 2010
Cinco maneras de formar una familia homoparental*
por Óscar Salvador**
El principal debate alrededor de los matrimonios del mismo sexo es la adopción. Los
sectores conservadores insisten en que, para proteger el bienestar infantil, debe
prohibirse que gays y lesbianas cuiden a menores de edad. Sin embargo, adoptar no
es la única opción a la que recurren estas parejas, deseosas de ejercer la
parentalidad.
Los caminos para que las personas de la diversidad sexual accedan a la
maternidad/paternidad son diversos, al igual que en la población heterosexual. Los
científicos sociales aseguran que cada persona, cada pareja, decidirá si crea su
parentesco con base en los vínculos genéticos o en la elección.
Anne Cadoret, antropóloga francesa, dice que las familias homoparentales, es decir,
las parejas del mismo sexo con sus hijas o hijos, también se originan en formas
como el acogimiento; el nacimiento de un bebé mediante reproducción asistida; con
un compañero del mismo sexo después de una unión heterosexual, o la
coparentalidad: cuando lesbianas y gays, viviendo solos o en pareja, acuerdan
engendrar un niño y compartir la crianza.
En busca del esperma idóneo
Ivonne quería engendrar a una niña para que ella y Ángela, su
pareja, la criaran juntas. Adoptar era una posibilidad, pero
Ivonne la descartó porque anhelaba sentir los cambios físicos
LGBT/Latino/Hispanic Civil Rights unitycoalition.org
|
Miami Beach GAY PRIDE April 17, 2010
|
FLOWERS|ART ESSENTIALS flowerbardesign.com
|



inseminaron y “por fortuna, pegó a la primera”, recuerda Antonio. A la pareja no le
importa quién de los dos es el padre biológico de Ximena, aunque es evidente el
parecido entre ésta y Mario.
Yo sólo sabía que quería ser papá de alguien que tuviera mis genes. Por suerte, unos
amigos nos recomendaron a una mujer quien ya había rentado su útero a otra pareja
gay; le pagamos cerca de cien mil pesos para que diera a luz a la hija que
anhelábamos”, dijo Mario a Letra S.
Estaban emocionados. Permanecían atentos a todas las necesidades físicas y
económicas de la poseedora del vientre subrogado. Pero a los seis meses de
gestación, ella decidió que no quería entregar a la niña. “Cuando nos dio la noticia,
sentimos que el cielo se nos caía encima”, relató Antonio.
Ximena nació y el médico que llevó a cabo la reproducción asistida y del parto hizo los
trámites necesarios para otorgarle todos los derechos de paternidad a Mario. Desde
entonces, la pareja no sabe nada de la mujer.
El 4 de noviembre de 2009, Alberto Kably, presidente de la Federación Mexicana de
Ginecología y Obstetricia, exigió al poder legislativo que se regule la reproducción
asistida, en especial la maternidad subrogada, pues en México, dice, es sumamente
difícil hacer que la mujer quien rentó su útero para el embarazo, cumpla con su parte del
trato.
En México, la ley de filiación establece que el bebé es de quien lo pare, no obstante “hay
que recordar que las leyes se hicieron antes de que se descubriera, por ejemplo, el
ADN y la reproducción asistida. Por lo mismo, si la mujer contratada no quiere entregar
al bebé, no hay forma de que se le quite, a menos que se entable un juicio muy largo
donde pueden salir perjudicados los médicos, los padres y hasta la madre sustituta”,
aseveró Kably.
Dos papás y una mamá: la compleja coparentalidad
Alfonso y Alexandre le pidieron a Úrsula que fuera la madre de su hijo. Ella, al
principio, pensó que no hablaban en serio, hasta que, después de mantener
relaciones sexuales con ambos, se embarazó.
Durante la gestación, Alexandre estudiaba química en Holanda y tenía planeado
quedarse a vivir allá, pero cuando Úrsula y Alfonso le mandaron las fotos de Renata,
decidió regresar a México, pues el parecido entre él y la bebé “era innegable”.
Renata fue registrada con los apellidos de Úrsula y Alfonso. El segundo nombre de
la niña, Taketa, es el apellido paterno de Alexandre. Esta familia de cuatro convive
desde hace cuatro años.
La antropóloga mexicana María de los Ángeles Haces argumenta que “observar
este tipo de acuerdos en México es complicado, en gran medida por la formación
genérica de las mujeres, donde la maternidad es una parte central de la misma, por
lo que no es sencillo pensar en compartir un hijo”. Si bien esto sucede en los casos
de divorcio o de la formación de familias nuevas, “durante el embarazo la idea
fuertemente arraigada es que el hijo crecerá en el seno de la familia, no en dos
familias”, indica la especialista.
“Te elijo como la madre de mi hija”
Norma y Ema vivieron relaciones heterosexuales y engendraron a Andrea y Gala,
respectivamente. El progenitor de Andrea, desde el principio, rehusó ejercer la
paternidad. El de Gala, se fue a Estados Unidos para obtener mejores ingresos.
Aunque en principio pensaban formar una familia nuclear heterosexual, las
circunstancias llevaron a Ema y Norma a convertirse en madres lesbianas, pues se
enamoraron de Janice y Anel, respectivamente.
Cuando Ema se enteró que estaba embarazada, se lo comunicó a Janice. Tomaban
café y Ema sacó un fólder de su mochila y dijo: “tengo tres meses de embarazo;
acabo de recoger el ultrasonido”, narró Janice a Letra S:

del embarazo. La otra opción
era tener relaciones sexuales
con un hombre, pero ambas
descartaron esta idea, sobre
todo Ángela, quien pensaba en
los problemas a futuro, como
que él peleara la paternidad.
Además, no era probable que
con un solo coito Ivonne
quedara embarazada. También
estaba el dilema de decirle o
no a ese hombre el objetivo de
la relación sexual. Finalmente,
no tenían un amigo a quien
pedirle que les ayudara en este
proyecto.
Ivonne comenta al respecto: “La hija tenía que ser nuestra. No podía haber ningún
hombre: hay un espermatozoide, pero eso no es un hombre. Habría sido de mal
gusto, y un rollo vulgar en la novela de mi vida acostarme con alguien para tener una
hija”.
La reproducción asistida (inseminación artificial con donante) fue la elección final y
cuatro fueron los intentos frustrados de embarazo. El costo: 30 mil pesos cada uno. El
dinero lo obtuvieron de un premio que Ivonne ganó en un concurso para escritores.
Después de esos fracasos, se dieron cuenta que quien llevaba el proceso de
inseminación era una charlatana. Ivonne recuerda que la “especialista” le
recomendaba calentar con los pechos el tubo de ensayo que
“¡Híjole! Cuando me dijo eso me dio, como dice la Biblia, ‘un vuelco en el corazón’. Y
sentí a la niña brincar de gozo dentro de mí; me sentí la mujer más feliz porque se
había concretado, de alguna manera, el deseo de tener mi propia familia”.
Un día, en un restaurante, las madres de Gala platicaban: “¿Te gustaría que te
dijera mamá?”, preguntó Ema, ante lo que Janice reconoció que “si Gala con el
tiempo logra decirme ‘mamá’ voy a ser la más feliz”. Desde entonces, Gala
reconoce a las dos como sus madres.
Norma, desde el principio, le contó a Anel que era madre de Andrea, sin embargo,
no se la presentó inmediatamente. Cuando la convivencia fue más frecuente, Anel
se quedaba los fines de semana en el departamento de Norma y su hija, hasta que
finalmente decidieron vivir juntas.
Por su parte, Ema y Janice fundaron, en mayo de 2008, el Círculo de Familias
Diversas para compartir con otras familias homoparentales sus preocupaciones
sobre la crianza y la posible discriminación a la que se enfrentarán sus hijos e hijas.
Le impiden adoptar por “metrosexual”
“No puede adoptar al niño porque usted tiene tendencias metrosexuales y no posee
tiempo para cuidarlo”, le dijo un juez a Gonzalo, pareja de Adrián, quienes juntos
crían a Gerardo desde que nació.
Gonzalo y Adrián viven juntos desde hace 20 años. Cecilia es sobrina de Adrián y a
los quince años de edad procreó a Gerardo. Adrián y su pareja se hicieron cargo de
ambos, además de Sonia y Enrique, engendrados también por Cecilia.
La joven tiene tres posiciones respecto a Gerardo: progenitora en términos
biológicos, madre en lo jurídico y hermana en lo simbólico.
Esto molesta en ocasiones a Gerardo, dicen sus papás. Por ejemplo, el verano de
2008 el niño quería ir a Canadá para tomar un curso de inglés, pero le pedían
autorización de sus padres o tutores. Cecilia no quiso firmar; Gonzalo y Adrián no
contaban con ningún papel que los reconociera como tutores de su hijo.
Ante ésta y otras situaciones, Gonzalo decidió iniciar el proceso de adopción de
Gerardo. Aprobó los exámenes socioeconómicos y sicométricos, pero al final se le
negó la adopción.
“En el sistema jurídico del DF no se puede negar la adopción con base en la
apariencia, y mucho menos con un término tan ambiguo como el de metrosexual”,
explicó a Letra S la maestra Rosa María Álvarez González, del Instituto de
Investigaciones Jurídicas de la UNAM.
La académica expuso que, en realidad, se trata de un caso de discriminación. “El
objetivo de la adopción es ubicar a un menor de edad en un hogar para que lo
cuiden, y la apariencia de su adoptante no tiene nada que ver. Negar la adopción
(con base en eso) es una suposición no fundamentada en el derecho”.
Gonzalo y Adrián cuidan a Gerardo desde que nació. En este sentido, la especialista
en derecho de familia aseguró que la adopción del niño debió haber sido más
sencilla. “El Código Civil del DF, en materia de adopción, da preferencia a aquellas
personas que ya han atendido al niño sobre quienes no lo han hecho”.
Leticia Bonifaz, consejera jurídica y de servicios legales del DF, ha comentado en
varias ocasiones que al adoptante no se le pregunta su orientación sexual. “No
podemos colocar en ninguna desventaja o segregación a ningún capitalino por su
raza, su color, su preferencia política y sexual”.
“Ahora que ya nos podemos casar, tal vez en un futuro sí podamos adoptar a
Gerardo”, deseó Adrián
*Texto realizado con el apoyo del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología CONACYT, proyecto
CB-2006-1-56385 “Parentesco, cuerpo y reproducción. Representaciones y contenidos culturales
en el contexto mexicano contemporáneo”, responsable: Dra. María Eugenia Olavarría.
**Reportaje publicado en el número 164 del Suplemento Letra S del periódico La Jornada el
jueves 4 de marzo de 2010
Copyright © NoteEse & AMBIENTE MAGAZINE. Do not reproduce without citing this source