comercio internacional se contrajo por la menor demanda y el rebrote
proteccionista, la cotización de las mercancías estandarizadas cayó
producto de la crisis general, y la balanza de pagos de los países
dependientes del consumo norteamericano y de créditos internacionales
entró en zona de riesgo.
Los impactos regionales

Desde hace unos meses comenzó una recuperación bursátil zigzagueante,
muy sensible a “malas” noticias que no dejan de aparecer, porque la
economía real ha sido afectada. También en el tercer trimestre de 2009, la
mayoría de las economías desarrolladas que estaban en recesión
empezaron a mostrar signos de mejoría. Un ascenso sumamente tibio,
pero que permite a la prensa financiera declarar que la crisis ha concluido.

El panorama regional es variado, y presenta situaciones muy diferenciadas.
El epicentro de la crisis, y donde se observan las mayores dificultades, son
los países beneficiarios principales de las burbujas inmobiliarias de los
últimos años: Estados Unidos, Gran Bretaña, España, junto con las
economías conectadas de Irlanda e Islandia. Serios problemas también se
observan en Europa del Este, muy “beneficiada” de abundante crédito para
el consumo (de bienes importados) en la presente década, y altamente
endeudada. También Europa del Sur parece ser una zona de problemas
crecientes, con serios déficit fiscales y de balanza de pagos.

En Africa varios países requerirán ayuda debido a la caída de los precios y
las cantidades de sus exportaciones. En América latina, el país que deberá
pasar por momentos graves será México, afectado de diversas formas por
la crisis: caída de precio del petróleo, menos exportaciones a Estados
Unidos y menores remesas de mexicanos que trabajan en ese mercado.
www.ambiente.us    FEBRUARY | FEBRERO 2010

OP
Ed | A socializar
Por Ricardo Aronskind

Luego de más de un año de crisis abierta, podemos trazar un recorrido y
observar qué ha provocado y cuáles son algunas de sus perspectivas.

La raíz
El estallido de la crisis tuvo su expresión espectacular en lo financiero, pero tiene
raíces estructurales mucho más profundas y más lejanas en el tiempo. Entre otros
importantes factores, se destaca la polarización de ingresos global provocada por el
neoliberalismo, con sus dos consecuencias: la generación de gigantescos
excedentes financieros en los estratos más altos del sistema mundial y la destrucción
de capacidad de consumo de amplias masas de población. La brecha entre la
enorme potencialidad productiva de la economía mundial y la limitada capacidad de
absorción de esa producción provocada por la caída del salario fue reiteradamente
cubierta en las décadas recientes por burbujas de consumo artificiales, que en todos
los casos estallaron dejando crecientes problemas sociales.

Distinta fue la caracterización realizada por
el G-20. Este selecto grupo de países
controlado por las principales potencias
occidentales señaló en sus tres encuentros
que el problema tiene estricto carácter
financiero y se originó en fallas regulatorias
.
.
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que debían ser subsanadas mediante nueva legislación local e
internacional.

Lo cierto es que el impacto del derrumbe bancario y bursátil se está
trasladando progresivamente a otras áreas de la economía: las finanzas
públicas entraron en fuertes déficit para contener la caída violenta de la
economía, el nivel de actividad económica se contrajo por ausencia de
crédito, malas expectativas y caída del consumo, el empleo empezó a ser
destruido aceleradamente, el
.

“Demasiado grande para quebrar”

¿Cómo queda la situación de la economía mundial, suponiendo que la
debacle financiera está definitivamente controlada? En lo inmediato, en el
terreno de la regulación financiera internacional, aún no se tomaron
medidas serias ni siquiera en función del diagnóstico superficial del G-20.
Las grandes corporaciones financieras rescatadas se están apresurando a
devolver los fondos recibidos, para sustraerse nuevamente a cualquier
control público. Se ha producido una mayor concentración bancaria, ya que
se salvó a las grandes entidades, en tanto cayeron numerosos bancos
pequeños.

Muchos Estados quedan con altísimas deudas externas y déficit públicos
muy difíciles de reducir en el corto plazo, por lo que continuará
incrementándose su endeudamiento externo. Por otra parte, estos países
(Estados Unidos, Europa) no pueden achicar tajantemente el gasto, porque
la recuperación en marcha depende fuertemente de esos fondos estatales.
El dato novedoso es que empieza a aparecer presión de los prestamistas
internacionales para frenar la emisión de deuda pública, ya que se
acrecienta el peligro de incobrabilidad de la misma. Se está desfilando en
un estrecho sendero entre impulsar una débil reactivación y arriesgar
nuevos pánicos financieros vinculados al incumplimiento de deudas
“soberanas”.
La situación social se deterioró con relación al comienzo de la crisis: el
aumento general del desempleo se vincula con el estancamiento salarial y
con peores condiciones generales de negociación para los trabajadores.
La recuperación no está generando por ahora recuperación de puestos de
trabajo permanentes. El problema del subconsumo (en relación con la
capacidad productiva del sistema) queda agravado, debido al salto en el
desempleo (Estados Unidos 10 por ciento, España 17, crecimiento del
problema en casi todos los países).
.

Un hecho cualitativo que merece destacarse es que se impuso de hecho,
en las decisiones de la administración norteamericana, el principio de “too
big to fail” (demasiado grande para quebrar). La frase sintetiza la idea de
que existen corporaciones de tal magnitud que no puede permitirse que
caigan, por las consecuencias dramáticas para el conjunto de la economía
y para la reputación del país. Si bien existen voces autorizadas que
sostienen que si algo es “tan grande que no puede quebrar” en realidad no
debería existir, lo cierto es que existe, y que las políticas públicas se ajustan
notablemente a sus necesidades. Esta realidad tiene consecuencias
extraordinariamente importantes sobre las características que asume el
capitalismo en nuestro tiempo, reduciendo notablemente la distancia que
existe entre las instancias decisorias del Estado más poderoso del planeta
y los requerimientos del capital más concentrado y organizado, aunque no
el más productivo.
Tendencias futuras

Si el panorama económico muestra un deterioro general con relación al
comienzo de la crisis, vale la pena observar algunas tendencias hacia el
futuro que se están manifestando con claridad.
La crisis está subiendo hacia el nivel estatal: el caso de una empresa
paraestatal de Dubai que mostró problemas para pagar deudas
recientemente y la degradación de la deuda de Grecia marcan el comienzo
de problemas crecientes con las deudas públicas de una serie de países.

Grecia no está aislada, sino que forma parte de un conjunto de países que
tienen altos déficit, bajos ingresos externos y una deuda abultada y
crecientemente sospechosa. Así, Gran Bretaña y España, cuyo gasto
público creció en tanto cayó la recaudación impositiva, han incrementado
los impuestos a los estratos más altos para mejorar las débiles finanzas
públicas, afectadas por la recesión y la necesidad de apuntalar la economía
para evitar una depresión abierta. Pero es
.

precisamente la deuda de estos países la que se está volviendo
preocupante para los financistas internacionales. Esta “sospecha”
impulsará la exigencia de tasas de interés más altas para prestarles, lo que
agravará las dificultades de los gobiernos.

Vale la pena observar, en el caso griego, cómo se despliega un conjunto de
dilemas extremadamente complejos, de difícil pronóstico, y que abren
cursos de acción de muy distintas consecuencias: si el gobierno de Grecia
continúa como hasta ahora, gastando fuertemente contra endeudamiento
acelerado, es probable que entre en default, es decir, que no esté en
condiciones de cumplir con los pagos de deuda externa (con el
consecuente efecto contagio sobre los eslabones más débiles de la Unión
Europea); si se decide a fortalecer las finanzas públicas y reduce el gasto,
como reclaman los acreedores financieros y las autoridades europeas,
corre el riesgo de generar una crisis social (ya viene habiendo crecientes
protestas de sectores juveniles por las pobres perspectivas de progreso
que hay en el país). Si la UE interviene en el rescate de Grecia, facilitando
fondos comunitarios “especiales” para evitar el dilema anterior, es probable
que otros Estados que se encuentran en situación parecida se precipiten a
solicitar apoyos similares, y entonces se provoque un cuello de botella en
las finanzas comunitarias, con las consecuentes tensiones políticas. Si la
UE no apoya a Grecia, ésta puede buscar resolver su situación como lo
haría un país autónomo, devaluando la moneda, es decir, saliéndose de la
“zona euro”. Esto también implicaría otra crisis política para la región.
Si el horizonte europeo está cargado de nubarrones, el de Estados Unidos
no parece mucho mejor. El país –debido a que tanto el sector privado como
el público están gravemente endeudados– no puede continuar sosteniendo
el mismo rol de proveedor de demanda mundial que tanta influencia política
le ha dado en las décadas recientes. Parece que ha llegado el límite a las
posibilidades de sobreconsumo de los norteamericanos. El dólar corre
riesgo de grave
.

devaluación si se insiste en seguir imprimiéndolo sin una perspectiva de
ajuste –al menos gradual– de la economía norteamericana. En cualquier
caso, el “sueño americano”, entendido como paraíso del consumo y el
ascenso permanente para todos, queda en suspenso.
Edwin Truman, un especialista del influyente Peterson Institute for
Internacional Economics, escribió recientemente: “La continuidad de la
globalización significa que los incidentes de turbulencias económicas van a
ocurrir y difundirse, y los países, tanto avanzados como en desarrollo,
deberían asegurar que sus políticas les van a permitir responder cuando
las futuras crisis inevitablemente se desenvuelvan”. Este analista, que
expresa la mirada del establishment internacional, sólo atina a recomendar
precaverse frente a las nuevas crisis que indefectiblemente vendrán. En
ninguno de los análisis de este tipo se cuenta con la posibilidad de la
aparición de reacciones sociales frente al deterioro de las condiciones de
vida y a la incertidumbre permanente. Sin embargo, ese sería un saludable
límite a la fantasía de continuar indefinidamente jugándose el bienestar de
la humanidad en el casino financiero internacional.






* Director del Programa interdisciplinario para el seguimiento de la
evolución y los impactos de la crisis del orden económico mundial (Pisco),
en el Instituto del Desarrollo Humano de la UNGS.



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